El otoño comenzaba a adueñarse de la ciudad, pintando los árboles con tonos cálidos y dorados. La brisa fresca llevaba consigo el aroma a tierra húmeda, una señal de que el invierno no estaba lejos. Isabella observaba el paisaje desde la ventana de su despacho, tratando de calmar los nervios que la habían acompañado todo el día. Leonardo la había invitado a cenar en su casa, y aunque había aceptado sin dudar, ahora que el momento se acercaba, no podía evitar sentir un cosquilleo de anticipación