Esteban, como siempre, estaba a dos pasos más de los hombres lobos, dueños absolutos de esta ciudad porque había planeado esto desde hace 3 años para que le vinieran con pequeñas sorpresas aquí.
Fue entonces cuando alguien abrió la puerta de su habitación de hotel, dándose cuenta de que se trataba de Yahiko, su fiel servidor, quien le había dado algunas herramientas para lograr su objetivo porque ambos querían destruir a Luke.
—¿Creíste qué no me iba a enterar lo que hiciste?—fueron las duras