45. Señor, creo que tengo algo.
Amir recorría las calles en su incansable búsqueda de Irina. Había revisado cada rincón, desde los barrios marginales hasta los lugares más exclusivos de la metrópoli, sin encontrar ni una pista sobre el paradero de su amada. El sol había alcanzado su cenit cuando finalmente regresó a su hogar, agotado y desesperado.
Había consultado a informantes, interrogado a personas de dudosa reputación y ofrecido recompensas, pero todo había sido en vano. La desaparición de Irina parecía ser un enigma imp