21. Voy a saborear tu piel todos los días.
— Póntelo — exigió observándola desde su asiento. Era perfecta, no había visto nada más bonito en su vida y el probador estaba rodeado de espejos, así que podía verla desde todos los ángulos.
Irina no tardó en colocarse la lencería haciendo sonreír a Amir porque, ante él, volvía a ser esa adolescente, volvía a ver inocencia en ella, volvía a tener vergüenza y él adoraba esa parte de ella que estaba seguro de que solo salía en su presencia.
—Ven aquí — exigió sin dejar de observarla. Su voz era