110. Justificando crímenes con más crímenes.
Irina se soltó de la mano de Amir con un gesto brusco, como si el contacto físico de sus dedos le quemara la piel. Sus ojos parecían dos brasas ardientes en un rostro pálido de ira, lanzando dardos de reproche hacia Sven.
—¡No puedo creer que lo defiendas después de todo lo que ha hecho! —exclamó con la voz ahogada, luchando por contener las lágrimas que pugnaban por brotar—. Dice ser mi padre, pero lo único que le importó fue abandonarme en manos de un mafioso que maltrata mujeres —dijo, fulmi