CAPÍTULO 85
La Verdad No Reclamada
El viaje a casa fue como una borrosidad.
El cielo fuera de las ventanas del coche estaba gris y pesado, pero nada comparado con el peso que me oprimía el pecho. Me senté rígida en el asiento del copiloto, con las manos tan apretadas que me dolían los dedos. Las palabras del médico aún resonaban en mi mente, dando vueltas sin fin, negándose a descansar.
Cuatro meses han pasado.
Ten cuidado.
Necesitas atención prenatal de inmediato.
Cada frase sonaba más fuerte