Capítulo 67?: La Soledad de Mimi
Me quedé sentada en mi habitación, sola, con la cabeza entre las manos y los sollozos escapándose sin control. Las lágrimas rodaban por mis mejillas, mezclándose con la rabia y la frustración que sentía desde hace horas. No podía creerlo. No podía creer que Adrián, mi prometido, el hombre que debía estar destinado a mí, estuviera… ¿enamorándose de ella? De Liana, esa trabajadora recién llegada que ni siquiera conoce las reglas de nuestra sociedad, ni nuestra posición, ni nuestro futuro.
—No… no puede ser… —susurré, la voz quebrada—. Él no puede… él no puede… —me repetía, mientras las lágrimas caían sin detenerse—. Siempre hemos estado destinados a esto, ¡siempre! Y ahora… ahora me ignora, me mira como si yo no existiera, como si nunca hubiera sido la única que debía estar a su lado…
Mis manos temblaban y mis uñas arañaban el borde del escritorio mientras recordaba cada pequeño gesto suyo hacia Liana. Cada mirada, cada sonrisa, cada momento en que la pr