Domenico entrecerró los ojos, con voz grave y profunda.
Sara no pudo evitar explicarse: —He elegido un colegio, puedo ir allí directamente, sobre los trámites y demás, se pueden hacer después...
Mientras decía, un ruidoso movimiento vino de fuera.
El mayordomo llamó a la puerta.
—Señor, el señorito ha regresado y ha traído a unos hombres con él.
Dentro, la expresión de Domenico era tranquila y sin cambios.
Solo levantó suavemente los parpados y miró a Sara.
Sara se desencajó radicalmente, mostra