Lorena se puso rígida, luchando contra las náuseas y el frío mórbido, sintiendo una punzada de miedo.
Como el espeluznante horror de una víbora enroscada en su cintura, escupiendo letras heladas, lista para morderla con sus colmillos.
Lorena no podía alcanzar el contenido de su bolsillo con él controlando sus manos.
También le preocupaba que él lo hubiera descubierto.
Lo único que pudo hacer fue contener una voz temblorosa mientras se le entumecía el cuero cabelludo.
—¿Cómo puedo iniciar si no m