Aunque era una compra un poco forzada, no rechazó el dinero.
Por el camino, miraba a Juan de vez en cuando, queriendo decirle algo.
Tranquilamente, Juan mostró su lado más superior.
Con cejas profundas y una mandíbula lisa, el ángulo era impecable de perfil.
Juan escuchó el recordatorio susurrado de Lorena.
—Juan, ¿has notado?
Juan ladeó ligeramente la oreja y se inclinó hacia ella, atento a sus susurros.
Se le aceleró el corazón.
Aunque Lorena bajó su voz, el coche no estaba lo suficientemente