—No, gracias. Solo he venido a decir eso, y tengo que volver para saludar a mi padre, así que descansa pronto.
Urso sonrió débilmente, se dio la vuelta y se marchó.
Lorena lo despidió y luego regresó.
Elena se tumbó en las escaleras y la miró, sonriendo significativamente.
—Temía que no pudieras dormir por miedo...
Ella lo había oído todo, unas simples palabras que marcaban la diferencia.
No pudo evitar sentirse dulce.
Lorena sonrió, impotente.
—Urso me ayudó mucho, ¡todavía tengo que pensar cóm