Lorena apretó los dientes y se zafó violentamente del abrazo que se había endurecido momentáneamente.
Un dolor punzante recorrió el pecho de Juan.
«¡De verdad me odiaba tanto!»
Apretó los dientes, con los ojos sombríos.
Le tomó la mano, con el rostro frío, y sonrió con un toque de paranoia.
—Bien, entonces recordarás lo que hice.
—Cuando seas vieja, te dejaré recordar todas las cosas que hice por ti.
«Esas heridas poco a poco serán reemplazadas.»
Lorena se echó a reír de ira.
—¡Cuando sea vieja,