Lo único que sentía eran sus manos, empapadas en sudor.
«No puedo creer que Susana, la que destrozó mis sueños e hizo que perdiera a mi bebé, siga viva.»
Lorena apretó los dientes.
Polo había dicho que venderla en Alta Mar y que no acabaría bien.
Estaba convencida.
«En Alta Mar...»
Sus ojos se hundieron ligeramente cuando algo se le ocurrió de repente.
«Ese hombre, ¿posiblemente sea uno de los hombres de Majara?»
Lorena se paralizó y llamó inmediatamente a Elena.
—¡Haz las maletas y sal de este