Juan iba vestido con un traje decente, austero, recto y meticuloso.
Entró y los demás lo rodeaban.
La sala estaba abarrotada de gente.
Además del consejo de administración, había varios accionistas presentes.
Todos estaban preocupados por el futuro rumbo del Grupo López.
Juan miró a todos y ocupó el asiento que siempre ocupaba.
Aquel asiento era el segundo de honor, y nadie se atrevía a tocarlo.
Era que estaban en ese asiento y nadie podía dejar de pensar en él.
Las facciones de Juan eran profun