—¡Mamá, si nos echas de menos, llámanos!
Dalia no les dio importancia.
Una vez se hubieron ido, miró a José contenta y no pudo evitar bromear: —Ya, ha hablado mal de tu hija, me he librado de ellas.
José sonrió y acarició el pelo de Lorena, —Tía, solo tengo una hija, nadie puede intimidarla.
Fiona se levantó y le sirvió café a Dalia, —Siempre ha sido muy protector con Lorena, si Lorena se hace daño, él mismo llorará primero.
Dalia no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás y reír, con la ca