Lorena se quedó callada durante unos instantes, —¿Qué quieres decir?
Polo la miró con una sonrisa, respondió casualmente: —Vendida, a alta mar.
El alta mar, un lugar que las Naciones Unidas ni siquiera podían controlar, fue un infierno más perverso. Allí todo estaba en venta, incluso las vidas.
Lorena respiró hondo, conmocionada por un momento, pero estaba satisfecha con ese resultado.
«No puedo hacer tanto. Pero tampoco puedo dejarla en paz.»
Aún tenía miedo a implicarse por Susana.
Por el mome