Una vez terminado el baile, la respiración de Lorena estaba un poco agitada, pero se sentía mucho mejor de ánimo.
Polo le trajo un vaso de agua, Lorena lo bebió y miró a su alrededor.
—¿Es hora de irnos? —ella preguntó.
Polo sonrió: —¿Nos vamos?
Lorena asintió con la cabeza.
Salieron uno tras otro.
Pero antes de subir al coche, alguien los detuvo.
María estaba parada allí con los ojos enrojecidos, mirándolos con pena.
Como si hubiera descubierto su relación clandestina.
Polo frunció levemente el