Isabella se quedó perpleja al ver quién era su jefe, no podía creerlo, por la mañana había recordado que había besado a aquel extraño, moría de la vergüenza, ella jamás era atrevida, se sintió mejor al pensar que jamás volvería a verlo.
—Buenos días señorita, efectivamente, ha llegado tarde en su primer día de trabajo, espero no vuelva a repetirse, no es propio de una secretaria de presidencia hacerlo, usted debe estar aquí unos minutos antes de que yo llegue, así podrá tener una copia de mi it