Maria Lopez
Mi corazón martilleaba contra mis costillas como un pájaro atrapado y mi pecho se agitaba con cada respiración entrecortada. Esto no era solo miedo. Era algo más: una corriente oscura y eléctrica que me erizaba la piel. Estiré la mano y aparté bruscamente la suya de mi boca; el calor de su palma permaneció en mis labios.
—¿Qué quieres de mí? —siseé. El pequeño espacio del baño del avión se sentía de repente como una olla a presión.
—Quería confirmar de nuevo si realmente eras la de