Maria Lopez
La presión de la cabina ya hacía que me afectara la cabeza, pero el hombre sentado a mi lado lo estaba empeorando. Me recosté en el lujoso cuero del asiento de primera clase, sintiendo el zumbido de los motores bajo mis pies.
Una azafata se acercó a nuestra fila, con una sonrisa ensayada y perfectamente simétrica. Se inclinó ligeramente, dejando tras de sí el aroma de un perfume caro.
—Buenas tardes, Sr. y Sra. Lopez. ¿Les gustaría comenzar con algunos refrescos? Tenemos una selecc