Diego Morales
Cerré la puerta detrás de Andrew y me quedé allí por un momento sin darme la vuelta. Mi frente se presionó contra la madera fría, y la vibración del portazo aún zumbaba en mi cráneo. Podía sentir mi pulso corriendo demasiado rápido, un tamborileo frenético contra mis costillas que se negaba a disminuir.
Mi mano permaneció en el picaporte más tiempo de lo debido, con los nudillos blancos, como si soltarlo significara dejar que el último resto de mi cordura escapara hacia el pasillo