Elena
¡El período!
Llevamos minutos de besos, mordidas y toqueteos fugaces que son interrumpidos por mi negación. ¡No podemos, mierda! Lo empujo lejos de mí, dejándolo semidesnudo con una confusión evidente. Comienzo a buscar mi ropa por el suelo y me inclino para agarrar mi sujetador.
—¡¿Qué haces!? —espeta desubicado.
—Llevo una almohadilla, es mi periodo —contesto, sonando obvia.
Él rueda los ojos, y como si lo que le dije valiera un quintal de basura, se abalanza sobre mí, impidiendo que m