Elena
Su piel blanca resalta con el oscuro de su traje. En las mangas relucen un par de mancuernas y en el bolsillo que reposa sobre la parte izquierda de su pecho se halla un pequeño ramillete de florecillas blancas. La baba se me cae cuando vislumbro un chaleco negro por encima de la camisa blanca que trae bajo el esmoquin.
—¿Qué... qué te pasó? —le susurro y ladea su cabeza para contestarme sin dejar de mirar al frente.
—Ahora no fastidies —musita sacándome una mueca en respuesta—, deja de