Me subí a un taxi. A través de la ventana lo vi hablando con Renata, y luego, de pronto, la apartó y comenzó a correr hacia mí. El coche arrancó. Pablo corrió detrás, pero pronto su figura se hizo pequeña, desvaneciéndose en la oscuridad.
Esa fue su última oportunidad de elegir. Y una vez más, eligió a Renata primero. Era hora de rendirme, de verdad.
Llegué sola al hospital. Lo que antes eran solo quemaduras superficiales, sin ampollas, ahora tenía varias zonas con la piel levantada debido a la