John caminaba para acercarse a Amy, cuando sintió una mano que lo sujetó, al verla se quedó petrificado.
—¿Qué demonios haces aquí?
—Hola, cariño, estuve pensando que no podemos terminar, así como así, si quieres que siga haciéndome pasar por la novia de tu difunto hermano, merezco que te quedes conmigo y compartas ese dinero.
Amy los miraba de lejos, con ojos severos.
John sintió temor de ser descubierto, un temor terrible, de pronto pensó en Amy, odiándolo por todo eso.
—¿Quieres dinero?