Besó sus labios posesivo y desesperado, ella sintió como su lengua acariciaba la suya, se estremecía, cuando quería rechazarlo era imposible, él le hacía sentir lo que nunca creyó sentir, era tan suya que podía decirlo sin palabras.
Ella detuvo el beso, necesitaba explicarle todo.
—¡Basta, Kenneth! ¿Qué sucede contigo?
—¡He dicho que no me llames Kenneth!
—Ese hombre solo vino a disculparse.
—¿Disculparse? ¿Por qué? Casi te mata.
—No fue su culpa.
—¿Ahora lo defiendes?
—¿Cuándo te volvis