Por suerte, Elena devoró todos los platos frente a ella sin dejar ni una migaja, como si cada bocado fuera una forma de desahogar el agotamiento que llevaba arrastrando desde hacía días. Su estómago, vacío desde hacía horas, por fin estaba satisfecho, aunque la irritación seguía atrapada detrás de los largos suspiros que escapaban de vez en cuando de sus labios.
Ese insoportable director, Raja Devandra Yedith, volvía a ser el origen de todo el caos en su vida. Siempre había reportes, siempre tr