Capítulo 104

La noche había avanzado profundamente, pero el sueño seguía sin rozar los párpados de Valentina. Dejó la puerta del balcón abierta, permitiendo que el aire nocturno entrara sin permiso, deslizándose frío sobre su piel ya temblorosa. La manta de lana que descansaba sobre sus hombros no lograba abrigarla del todo, pero no tenía intención de moverse. Era como si aquel frío fuera más honesto que el torbellino de e

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