Era ya un nuevo día en el hospital exclusivo de Danilo, en Alta Mira, la brisa matutina se colaba con suavidad a través de las cortinas de la habitación, llegando a casi todo resquicio de aquel hermético lugar, era cálido y reconfortante.
Mary, aun pasando las últimas secuelas de su convalecencia, yacía sentada en su cama, con Danilo a su lado, en donde le gustaba estar a él. Ambos se habían acomodado para recibir a los ex compañeros de trabajo y podría decirse, amigos, que ella ya esperaba con