Al fin, Danilo y Lara habían llegado a la habitación que Irina le había asignado a ella. Él abrió la puerta y la luz de la luna se colaba entre las cortinas, hasta el interior de la habitación para dejar ver la elegante mueblería que poseía y lo espaciosa que era.
Lara dio un paso adelante para contemplar la comodidad del lugar y Danilo la observaba con una sonrisa.
—Bueno… creo que ya es hora de que descanses —dijo él con suavidad mientras se recostaba en la pared—, has pasado por mucho para l