En el centro de un espeso bosque desconocido y apartado de la civilización a penas se dejaba ver ella abrió los ojos después de un lapso grande de penumbra. Al recuperar la conciencia observó su entorno, era una habitación de paredes color crema, algo sucias y descascaradas por el paso del tiempo y la humedad, además estaba tan pequeña que parecía sofocarla. La rectangular ventana apenas dejaba colar algunos rayos de la luna y los grillos cantaban en las afueras.
Mary intentó incorporarse, pero