capítulo 23: Humillación pública.
Corrí sin mirar atrás hasta que los murmullos desaparecieron. Sentí mi cuero cabelludo quemarse y mi rostro arder. Me costaba mantener los ojos abiertos por las lágrimas involuntaria que brotaban. El dolor se mezclaba con la impotencia y la humillación, haciéndome sollozar descontroladamente.
―Ven conmigo ―Esa voz, la reconocía.
No podía verlo bien. Me tomó de la mano y dejé que me guiara. Era un mar de lágrimas.
Pasamos varias puertas. Me estrujé los ojos y pude ver al hombre que me