Su lengua allanó mi boca, jugueteando con ella, causando hormigueo a lo largo de mi cuerpo.
Mis pulmones suplicaban por oxígeno, el vello se me erizó y la piel me ardia como candela.
La rabia me inundaba las venas, el odio corroía mis huesos, y aún así, le estaba
correspondiendo el beso. No tendría mucha experiencia en los besos con lengua, pero hacía mi mayor esfuerzo por dominar ese territorio desconocido para mí.
Sus labios bajaron por mi cuello, chupando y lamiendo. Mi pecho subía y baja