Cuando Gustavo volvió a la casa, escuchó los golpes a la puerta. Era Sonia, y sus gritos maniacos lo desesperaron.
Fue y abrió la puerta. Sonia se lanzó contra èl, pero Gustavo de inmediato la arrojó contra el suelo.
—¡Ya basta!
—¡¿Qué hiciste?! —gritó la mujer.
El hombre rodó los ojos con odio, y abofeteó de nuevo su rostro.
—¿Cómo pudiste lastimar a nuestra hija? ¡Si ella muere, yo te mataré a ti!
—¡No puedes hacerlo! Gustavo…
Gustavo la ató contra la ventana, tomando una esposa que antes quer