La reunión de Chicago fue la primera semana de marzo.
Nathan viajó solo. Lucas lo esperaba en el aeropuerto con la carpeta de documentos y la misma presencia de siempre, la quietud que no se confundía con pasividad, el tipo de persona que llega al lugar correcto en el momento correcto sin necesitar que nadie lo señale.
—Treinta minutos al hotel —dijo Lucas—. La reunión es a las dos.
—¿Cómo está el director?
—Meticuloso. Pregunta dos veces lo que no entiende del todo. No firma nada que no haya l