Frente al bosque de la casa de Alfa Alan, Gena y Ralph corren, sintiendo la energía de la luna arroparlos. Aúllan en agradecimiento hacia su Diosa por haberlos unido finalmente, y se admiran mutuamente. Sus lobos siguen al otro en un círculo vicioso, lleno de complicidad y un sentimiento que ninguno había sentido antes; ser correspondidos.
Mientras más miran al lobo y al humano en sus ojos, más impresionadas y emocionadas se sienten. Son tan atractivos. Mucho más de lo que ellas pudieron desear