Capítulo veintiuno. ¡Maldición, paguen un hotel!
Thiago estuvo a punto de saltar de su silla cuando Amber le respondió “Sí, señor”, y un segundo después miró a Félix Remington y no solamente eso. ¡No! ¡Si no además le había sonreído como si fuera una mujer libre!
Thiago pensó dos cosas: Amber era muy valiente al retarlo de esa manera o deseaba ser castigada y vaya que él estaba más que dispuesto a darle unas cuantas palmadas hasta dejarle rojas las nalgas.
—¿Te consigo un recipiente, Montgomery? —preguntó Félix—. Se te cae la baba —añadió sim