Capítulo treinta y cuatro. ¿Sales con ella?
«¿No se ven divinos?»
«¿No se ven divinos?»
«¿No se ven divinos?»
«¡Mierda! ¡Por supuesto que no se miraban bien juntos! ¡Jamás se verían bien juntos!», pensó Amber, mientras le dedicaba una mirada dura a Lucero.
—¿Qué pasa? ¿Qué dije? —preguntó la muchacha al ver la cara descompuesta de Amber.
—Pues olvidas que Thiago es el esposo de mi hermana —soltó y jamás aquellas palabras le dejaron un sabor amargo en la boca, como en ese momento.
—Bueno, tendrás que perdonarme. Pero tu hermana jamás le h