Capítulo treinta y cinco. Un sueño húmedo
Amber esperó un par de minutos, en realidad no podía decir si fueron pocos o muchos. Salió del cuarto de baño y caminó hacia la puerta para poner el seguro.
Volvió sobre sus pasos y miró a Thiago dormido en el incómodo sillón. La muchacha lo miró por un largo tiempo antes de arrodillarse para verlo más de cerca.
Thiago tenía ojeras y solo ahora podía ser capaz de verlo, había estado tan concentrada en querer hablar con él, y luego en su discusión que no había reparado en lo pálido de su rostro.