Por Antonella
Cenamos tranquilos, aunque luego de cenar, nos quedamos los más jóvenes en el porche de la casa, había un par de hamacas, de esas que son sillones y también habían algunas reposeras.
Pía se comía a besos a Fabrizio y él le devolvía cada uno de los besos y parecía feliz con eso.
A mí me estaba agarrando un dolor de estómago, por verlos tan acaramelados.
La actitud de mi prima era esperada, pero que Fabrizio le siga el juego, realmente me descomponía.
La estúpida era yo, que lo reci