Por Fabrizio
Por fin la puedo tener en mis brazos.
Al besar sus pechos y sentir su piel, yo temblaba como una hoja, tengo en mis brazos a la mujer que es la dueña de mis sentidos.
No puedo dejar de deslizar mis manos por su cuerpo.
Trato de reprimir mis gemidos, que se apuran en salir de mi garganta, mi sangre está alborotada.
La penetro y Anto busca mi boca con las mismas ansias que siento yo.
Siento que no se puede controlar, sus caricias son las huellas que están desde siempre en mi piel.
Yo