Rosi se había levantado temprano para salir antes de que Galeano y Alicia salieran de la habitación. Había pasado una noche inquieta y no había logrado conciliar el sueño. La atenta sirvienta, al notar que Rosi estaba a punto de marcharse, se acercó con amabilidad y le preguntó: — Buenos días, señora Rosi, ¿se va sin desayunar?
— Sí, en realidad quiero llegar a casa para descansar en mi cama, ya que no he dormido nada durante toda la noche.
— ¿Le gustaría tomar un café o un té antes de irse?
—