Rosi, con ojeras apenas disimuladas por el maquillaje, se vistió con un vestido que no lograba ocultar su tristeza y depresión. Antonio, la tomó del brazo con firmeza antes de descender las escaleras, susurrándole al oído:
— Quiero verte sonreír, incluso si te cuesta. Recuerda que tu libertad está en juego.
— ¿Por qué haces esto, Antonio? Ya compartimos la cama y la habitación. No entiendo qué más deseas de mí. Te has salido con la tuya como siempre lo has hecho.
— Quiero que vuelvas a ser m