Habían pasado un par de minutos desde que entraron a la habitación, y seguían inmersos en esa vibra bizarra que los consumió en aquella celda.
Svetlana estaba de pie, frente al espejo, mirando su reflejo. No temblaba. No pestañeaba. Solo respiraba hondo, con una serenidad que a Dante le revolvió algo en las entrañas… y no precisamente miedo.
Cuando finalmente ella se giró hacia él, Dante no se movió. La miraba como si no pudiera decidir si abrazarla o arrodillarse frente a ella. Esa mujer… esa