A la mañana siguiente, despertó por unos golpes en la puerta, cosa que la hizo sentarse de golpe, sobresaltada, al igual que Tristan, que además estaba muy despeinado y con los ojos medio cerrados todavía.
—¡¿Kairi?! —gritó Meredith desde el otro lado de la puerta—. ¡¿Por qué la puerta está cerrada?! ¡Elvia y yo te traemos a tu linda Shiry que quiere volver con su mami!
—¿Cerraste la puerta? —le preguntó a Tristan en un susurro, a lo que él asintió, luciendo culpable.
—No creí que quisieras