Me dirijo al escritorio de la secretaria.
—Buenos días, yo no tengo cita para hoy, pero me urge hablar con el doctor.
Al principio la secretaria no me reconoció, con la amabilidad que siempre tiene para los pacientes, acompañada de una dulce sonrisa me dijo:
—Buenos días, mi hermoso caballero, me da su nombre y después tomé asiento, ya le digo al doctor para ver si hoy puede atenderlo, ¿es la primera vez que viene?
—No, yo soy su paciente, pero tengo bastante tiempo que