Daniel no quiso siquiera mirar los documentos.
Sabía perfectamente lo que contenían.
Respiraba con dificultad. El pecho le oprimía con fuerza, pero aun así se aferraba a su orgullo.
—Tú... tú hiciste todo esto a propósito, ¿verdad? —acusó Daniel, señalando a Devan con un dedo tembloroso—. ¡Utilizaste a Alexa solo para arrebatarme mis acciones!
Alexa, que hasta ese momento había permanecido en silencio detrás de Devan, dio un paso al frente.
Miró alternativamente a Daniel y a Martha con una fria