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—¿Por qué sigues pensando en Alexa? Sabes perfectamente que solo la estoy utilizando.
—Es excelente tratando con los clientes. Gracias a su trabajo he obtenido grandes beneficios. Además, posee acciones en la empresa de tu familia. Cuando nos casemos, podré quedarme con ellas. Y una vez consiga todo lo que quiero, la dejaré para casarme contigo.
¡Maldito!
Los puños de Alexa Ivander se cerraron con fuerza a ambos lados de su cuerpo. Su rostro se endureció y la mandíbula se tensó al recordar aquellas palabras que había escuchado hacía apenas unas horas.
Las voces seguían clavándose en su memoria como cuchillas afiladas. Por más que intentara olvidarlas, continuaban resonando en sus oídos.
El sonido de sus tacones rompía el silencio del vestíbulo de la empresa Alistair mientras avanzaba con paso firme sobre el suelo de mármol.
Durante los últimos tres años, aquel lugar había sido su segundo hogar.
No porque quisiera.
Sino porque su propio padre le había cerrado las puertas de la empresa familiar y la había menospreciado una y otra vez.
Los dedos de Alexa se crisparon con más fuerza.
Su pecho se contrajo dolorosamente cuando los jadeos de aquellas dos personas despreciables volvieron a invadir su mente.
La imagen seguía grabada frente a sus ojos.
Ronan, su prometido.
Felicya, su hermanastra.
Enredados entre las sábanas del apartamento que algún día debía convertirse en el hogar de ambos después de casarse.
Todos sus sueños se habían hecho pedazos en un instante.
Aquella tarde había ido allí para darle una sorpresa a Ronan. Quería contarle que había conseguido convencer a un importante cliente para que colaborara con la empresa gracias a sus habilidades de negociación y a la confianza que inspiraba.
Sin embargo, en lugar de compartir una buena noticia, descubrió una verdad devastadora.
Alexa no sabía si debía considerar aquello una desgracia o una bendición.
Después de todo, había descubierto la infidelidad antes de convertirse en su esposa.
Antes de quedar atrapada para siempre junto a un hombre como él.
Las ganas de abofetear a Ronan y arrancarle mechones enteros de cabello a Felicya casi la consumieron.
Pero Alexa sabía que dejarse llevar por la ira sería un error.
Debía mantener la calma.
Porque conocía perfectamente cómo funcionaban las cosas.
Incluso si era la víctima, terminaría siendo culpada.
Una sonrisa amarga apareció en sus labios.
Era la hija biológica que siempre había sido tratada como una extraña.
Su padre protegía y consentía a Felicya mucho más que a ella, cautivado por las dulces palabras y las lágrimas oportunas de su hijastra.
Maldición.
¿Por qué tenía que ser ella quien terminara en aquella situación?
Tomó una profunda bocanada de aire y la soltó lentamente antes de empujar la puerta del departamento de Recursos Humanos.
Su aparición inesperada sobresaltó a los empleados que se encontraban dentro.
—Señorita Alexa, ¿qué la trae por aquí?
Todos en la empresa sabían quién era.
La asistente de Ronan.
La mujer que había contribuido de forma decisiva al crecimiento de Alistair durante los últimos dos años.
Alexa dibujó una sonrisa educada para ocultar la tormenta que rugía en su interior.
—Quiero presentar mi renuncia.
La jefa de Recursos Humanos abrió los ojos de par en par.
—¿Su renuncia?
—Sí.
—Pe-pero... ¿por qué? ¿Ha ocurrido algo?
La sonrisa de Alexa apenas cambió.
—No hay ningún motivo especial. He decidido volver a la empresa de mi padre.
Era una mentira.
Y ella lo sabía.
Pero no tenía intención de explicar nada.
La serenidad de su rostro ocultaba una rabia profunda y un deseo de venganza que crecía con cada segundo.
Después de completar los trámites y recibir los documentos de cancelación de contrato, abandonó el edificio de Alistair sin mirar atrás.
Subió a su automóvil, estacionado frente a la entrada principal.
Sin embargo, no arrancó el motor.
Entre sus dedos sostenía una tarjeta de presentación.
La observó durante unos segundos antes de marcar el número impreso en ella.
La llamada fue respondida rápidamente.
—¿Sí?
—Señor Devan, habla Alexa Ivander. ¿Tiene tiempo libre hoy? Me gustaría reunirme con usted.
Al otro lado de la línea se hizo un breve silencio.
Luego, una voz grave y tranquila respondió:
—Alexa Ivander... ¿Qué te hace pensar que quiero reunirme contigo? ¿Y qué te hace creer que puedes conseguir una cita conmigo?
Alexa apretó con fuerza la tarjeta.
Un dolor opresivo se instaló en su pecho.
Pensar en la razón que la llevaba a contactar a Devan Alistair le resultaba casi insoportable.
El hombre era el tío de Ronan.
Había regresado al país hacía apenas unos meses después de pasar años en el extranjero.
Y además era propietario de una empresa que competía directamente con la familia Alistair.
Alexa cerró los ojos un instante.
Enterró el dolor, la humillación y la traición en lo más profundo de su corazón. Cuando volvió a hablar, su voz sonó firme.
—Tengo algo que podría resultar muy beneficioso para usted.
Abrió los ojos y observó el tráfico a través del parabrisas.
—¿Le interesa escuchar mi propuesta?







