Los dos hombres se rieron. Eddy conocía bien la personalidad de su jefe. Alan podía ser implacable con sus enemigos, pero cuando salía a relucir su lado disparatado, casi cualquier cosa que dijera bastaba para hacer reír a los demás.
—Entonces, ¿cuándo va a regresar a casa, señor? Me da pena la señora Willow. No deja de preguntar por usted y ya me cansa escucharla. Empieza a parecer un disco rayado —continuó Eddy.
—Regresaré tarde o temprano, no te preocupes. Pero todavía no puedo regresar.
Eddy