Los dos se miraron fijamente. Vanessa parpadeó varias veces al darse cuenta de que su pellizco no había dado en el blanco. Sus dedos habían ido a parar a algo firme, pero que cedía al tacto.
Y sabía qué era.
—Ryan, ¿no te pusiste calzones? —preguntó mientras presionaba levemente la punta lisa del amiguito de Ryan.
—No me dio tiempo —respondió con naturalidad.
Se miraron y comprendieron sin palabras que sentían lo mismo.
—¡Ryan, parece que está vivo! —dijo Vanessa al sentir que empezaba a endurec